Volvemos a casa. Después de un día en plan relax por Shanghai hemos tenido una última emoción: cuando estábamos llegando a la estación del tren Maglev nos hemos dado cuenta de que nuestro vuelo de regreso a Beijing salía desde el otro aeropuerto de Shanghai, el Hongqiao, en la otra punta de la ciudad. Así que salimos del metro 2 o 3 paradas antes con la intención de pillar el sentido contrario, pero, por alguna extraña razón el metro no iba en ese otro sentido. Salimos de la estación y aparecemos en medio de una avenida enorme pero que no tiene edificios, estábamos en la zona nueva al oeste de la ciudad y pocos coches pasaban. Pero apareció un taxi y resulta que el tio chapurreaba inglés. Así que nos dijo que en una hora estaríamos en el aeropuerto. Un poco justos pero no había otra. Por el camino, un atasco tras otro por los tremendos escalextric que atraviesan Shanghai, nos hacía dudar de si el taxista había tenido en cuenta el tráfico para sus cálculos. Al cabo de una hora exacta nos dejó en la puerta del aeropuerto. ¡Salvados!
Llegamos bien y ahora descansamos a pocos kilómetros del Beijing Capital Airport, desde donde mañana a eso de las dos de la tarde, diremos hasta pronto a China. Bastante cansados de tantos días intensos pero con un viaje a nuestras espaldas que ha superado nuestras espectativas con creces. China es otro mundo, nada que ver con viajes que antes hayamos hecho. Una cultura curiosa y chocante por lo diferente que es a la nuestra. Pero ahi está lo mejor de China, es una caja de sorpresas en cada calle que recorres y no te deja indiferente.
Bueno, aquí despedimos este blog de momento hasta otra aventurilla. Un saludo a los que habéis seguido el diario y gracias a los que habéis comentado, que nos hacía ilusión. Nos vemos muy pronto.
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jueves, 11 de marzo de 2010
miércoles, 10 de marzo de 2010
Los contrastes de Shanghai
Hace un par de días nos llovió, ayer nos nevó y hoy ha hecho un sol radiante durante todo el día. No sólo el tiempo en esta ciudad parece contrastar, en una gran avenida te encuentras chabolas en una acera, donde la gente lava la ropa en la puerta y enormes edificios de oficinas en la otra. Paseamos por la Ciudad antigua con sus tejados estilo chino y sobre ellos se ven al fondo las principales torres del Skyline de Shanghai, que se pelean por ser la más alta de la ciudad.
Es un hecho que la ciudad está desmontada por la Expo, no hay zona que no esté en obras y se hace difícil andar por todo lo que no sea el distrito comercial de Nanjing. Con apenas 2 meses para el comienzo de la misma, o estos chinos son unos máquinas, o dudo mucho que terminen todo lo que está en obras en este momento.
Ayer fué un día de relax, sólo fuimos un rato a la "Concesión Francesa", un barrio de estilo europeo, que no tiene nada de especial si no buscas tiendas pijoteras, salvo lo curioso de ver edificios tan distintos a lo normal en China.
Esta mañana hemos descubierto un oficio nuevo para nosotros: limpiador de orejas. Un tío sentado en una sillita en la acera mientras otro, cual limpiabotas, le repasa con un bastoncillo los orificios del pabellón auditivo... uay... que asquito!
Hemos ido directamente a la ciudad antigua donde hemos podido ver los Jardines de Yuyuan, que es un rinconcito relajado dentro de esta macrourbe y que te recuerda que estás en China. Junto a él está el Yuyuan Market, que tiene toda clase de puestos y tiendas de comida y suvenires de rigor. Están muy bien ambos. Después hemos pillado el ferry que te cruza a la otra orilla con la intención de subir al edificio más alto de Shanghai hasta la fecha, el Worl Financial Center, que tiene 492 metros de altura y forma de abridor de cervezas. Ya están haciendo otro al lado que lo superará y por lo que se ve en las vallas de la obra, por bastante altura.
La verdad es que impresiona el tinglado que tienen montado en torno a este edificio, en cuanto entras parece que vas a despegar en una nave espacial. Solo falta por allí la tipa del neutrex con la peluca esa plateada. Ojú, que les gusta un futureo... Pero bueno, la subida merece la pena porque ves toda Shanghai desde lo más alto, o al menos lo que la polución te deja, porque el día estaba sin una nube y la vista no alcanzaba demasiado lejos. Subes en un primer ascensor a toda leche hasta la planta 95, a 430 metros y luego (si lo has pagado) hasta la planta 100 a 470 metros de altura. Lo mejor del edificio, según Elena, el váter, que tiene unos pocos botones que echan chorritos calentitos de agua y hay cola para probarlos. Lo que yo te diga, que les encanta.
El resto del día lo hemos pasado por Nanjing Rd, la calle más comercial tomándonos un cafelito y paseando por las tiendas, que hay a patadas. Por cierto, lo de los tíos vendiéndote de todo no es sólo en esta calle, salen de cualquier esquina de la ciudad donde alguien pueda estar de compras, y eso es casi en todas partes.
Mañana será el último día en Shanghai y casi en China, porque volamos de vuelta a Pekín pero sólo para tomar el avión de vuelta a casa al siguiente día. O sea que la cosa se termina...
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Es un hecho que la ciudad está desmontada por la Expo, no hay zona que no esté en obras y se hace difícil andar por todo lo que no sea el distrito comercial de Nanjing. Con apenas 2 meses para el comienzo de la misma, o estos chinos son unos máquinas, o dudo mucho que terminen todo lo que está en obras en este momento.
Ayer fué un día de relax, sólo fuimos un rato a la "Concesión Francesa", un barrio de estilo europeo, que no tiene nada de especial si no buscas tiendas pijoteras, salvo lo curioso de ver edificios tan distintos a lo normal en China.
Esta mañana hemos descubierto un oficio nuevo para nosotros: limpiador de orejas. Un tío sentado en una sillita en la acera mientras otro, cual limpiabotas, le repasa con un bastoncillo los orificios del pabellón auditivo... uay... que asquito!
Hemos ido directamente a la ciudad antigua donde hemos podido ver los Jardines de Yuyuan, que es un rinconcito relajado dentro de esta macrourbe y que te recuerda que estás en China. Junto a él está el Yuyuan Market, que tiene toda clase de puestos y tiendas de comida y suvenires de rigor. Están muy bien ambos. Después hemos pillado el ferry que te cruza a la otra orilla con la intención de subir al edificio más alto de Shanghai hasta la fecha, el Worl Financial Center, que tiene 492 metros de altura y forma de abridor de cervezas. Ya están haciendo otro al lado que lo superará y por lo que se ve en las vallas de la obra, por bastante altura.
La verdad es que impresiona el tinglado que tienen montado en torno a este edificio, en cuanto entras parece que vas a despegar en una nave espacial. Solo falta por allí la tipa del neutrex con la peluca esa plateada. Ojú, que les gusta un futureo... Pero bueno, la subida merece la pena porque ves toda Shanghai desde lo más alto, o al menos lo que la polución te deja, porque el día estaba sin una nube y la vista no alcanzaba demasiado lejos. Subes en un primer ascensor a toda leche hasta la planta 95, a 430 metros y luego (si lo has pagado) hasta la planta 100 a 470 metros de altura. Lo mejor del edificio, según Elena, el váter, que tiene unos pocos botones que echan chorritos calentitos de agua y hay cola para probarlos. Lo que yo te diga, que les encanta.
El resto del día lo hemos pasado por Nanjing Rd, la calle más comercial tomándonos un cafelito y paseando por las tiendas, que hay a patadas. Por cierto, lo de los tíos vendiéndote de todo no es sólo en esta calle, salen de cualquier esquina de la ciudad donde alguien pueda estar de compras, y eso es casi en todas partes.
Mañana será el último día en Shanghai y casi en China, porque volamos de vuelta a Pekín pero sólo para tomar el avión de vuelta a casa al siguiente día. O sea que la cosa se termina...
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lunes, 8 de marzo de 2010
Día de lluvia en Shanghai
Este es nuestro segundo día en Shanghai. Aunque nos ha hecho bastante frío durante estos días, hoy es el primero en el que nos ha llovido. Hemos pillado el metro hasta la zona de Pudong, la de los rascacielos que parece una ciudad futurista con edificios altísimos y con diseños impresionantes. La pena es que en 57 días empieza la Expo 2010 y lo tienen todo patas arriba, hay obras por todas partes y no se puede pasear por muchos sitios porque los tienen vallados. Aún así impresiona verlo.
En esta zona está el Acuario de Shanghai, que es una maravilla y merece la pena verlo. Toda clase de bichejos acuáticos la tienen aquí, hasta pingüinos.
Después hemos pasado al Bund (la otra orilla) por el túnel turístico, que como su propio nombre indica, sólo lo cogemos los guiris. Es un paseito bajo el río montados en una especie de vagoneta por un tunel lleno de luces y voces en chino muy futurista, casi todo en esta ciudad tiende a ser futurista, incluso la gente se atreve a salir del estándar chino y se ven "pintas" por la calle. Será por la cercanía a Japón...
Como no paraba de llover y el paseo del Bund está cerrado por obras nos metimos a comer en un centro comercial y fuimos un poco a ver tiendas. Te paran cada dos pasos por la calle Nanjing Road a enseñarte "catálogos" de falsificaciones que tienen en su tienda y te preguntan ¿que es lo que quieres? se supone que tienen de todo allí dentro, relojes, ropa, perfumes y lo que no seguro que lo consiguen con tal de vender algo...
Aburridos de tanta lluvia hemos acabado el día buscando un Carrefour que había cerca del hotel que nos ha costado sudor y lágrimas encontrarlo. Al final hemos comprado alguna cosilla para desayunar mañana y cenar hoy y algo de ropa muy muy barata.
Para mañana da lluvia otra vez, así que seguiremos por aquí viendo otras zonas de la ciudad.
Actualízate gratis al nuevo Internet Explorer 8 y navega más seguro
En esta zona está el Acuario de Shanghai, que es una maravilla y merece la pena verlo. Toda clase de bichejos acuáticos la tienen aquí, hasta pingüinos.
Después hemos pasado al Bund (la otra orilla) por el túnel turístico, que como su propio nombre indica, sólo lo cogemos los guiris. Es un paseito bajo el río montados en una especie de vagoneta por un tunel lleno de luces y voces en chino muy futurista, casi todo en esta ciudad tiende a ser futurista, incluso la gente se atreve a salir del estándar chino y se ven "pintas" por la calle. Será por la cercanía a Japón...
Como no paraba de llover y el paseo del Bund está cerrado por obras nos metimos a comer en un centro comercial y fuimos un poco a ver tiendas. Te paran cada dos pasos por la calle Nanjing Road a enseñarte "catálogos" de falsificaciones que tienen en su tienda y te preguntan ¿que es lo que quieres? se supone que tienen de todo allí dentro, relojes, ropa, perfumes y lo que no seguro que lo consiguen con tal de vender algo...
Aburridos de tanta lluvia hemos acabado el día buscando un Carrefour que había cerca del hotel que nos ha costado sudor y lágrimas encontrarlo. Al final hemos comprado alguna cosilla para desayunar mañana y cenar hoy y algo de ropa muy muy barata.
Para mañana da lluvia otra vez, así que seguiremos por aquí viendo otras zonas de la ciudad.
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domingo, 7 de marzo de 2010
Estamos en Shanghai.
Ya hemos llegado a Shanghai. Hemos venido desde el aeropuerto, como se ve en el video, en el Tren Maglev, el más rápido del mundo que alcanza los 431 km/hora en este trayecto y te deja en Pudong en 8 minutos. Desde ahí cogimos el metro hasta la zona del hotel y ya un taxi nos llevó a la puerta, porque según el mapa la calle estaba en una paralela y nos despistó.
Hemos bajado rápido del hotel porque teníamos mucha hambre y en la misma calle nos hemos metido en el primer restaurante que vimos. Se ve que era un restaurante familiar porque habia muchos grupos de abuelos y nietos y gente joven cenando en grupo. La carta estaba toda en chino, pero tenía fotos. Lo malo es que las fotos no te dejan muy bien saber que es lo que pides. Pedimos 4 platos en principio, 3 entrantes (sin saber que lo eran) y otro plato. Uno eran rollos de pasta de fideo relleno de espinaca, otro eran tallarines fríos con unas tiras que parecian pulpo pero que se te agarraban a las muelas de mala manera y encima tenían un gusto a café un poco raro. El tercer entrante eran bocas de cangrejo que parecía crudo pero que estaba dulce. Por último el plato principal era carne rebozada cuyo origen es difícil de saber...
Como no nos entraba del todo estos platos pedimos más tranquilos un plato de carne con verduras, champiñones y cacahuetes que nos decían que eran NO SPICY (no picante). Pues menos mal que no picaba, porque nos hemos hincado 3 botellas de TSINTAO (cerveza) de 600 ml cada una y la boca se nos quedó anestesiada.
En las otras mesas hemos visto comer con un tetrabrick de leche y una mujer que se guardaba la comida en un tupper tal y como la servían las camareras.
Por último una anécdota que nos ha dejado extrañados: le dimos una propina a la camarera y se negó en redondo y nerviosa casi suplicaba que no le diéramos nada y, en cambio, en otro día en Pekín, una camarera se volvió loca cuando le dimos 10 yuanes (más o menos 1€) de propina. En conclusión, como no sabemos que reacción van a tener estos chinos, se acabaron las propinas.
Hemos bajado rápido del hotel porque teníamos mucha hambre y en la misma calle nos hemos metido en el primer restaurante que vimos. Se ve que era un restaurante familiar porque habia muchos grupos de abuelos y nietos y gente joven cenando en grupo. La carta estaba toda en chino, pero tenía fotos. Lo malo es que las fotos no te dejan muy bien saber que es lo que pides. Pedimos 4 platos en principio, 3 entrantes (sin saber que lo eran) y otro plato. Uno eran rollos de pasta de fideo relleno de espinaca, otro eran tallarines fríos con unas tiras que parecian pulpo pero que se te agarraban a las muelas de mala manera y encima tenían un gusto a café un poco raro. El tercer entrante eran bocas de cangrejo que parecía crudo pero que estaba dulce. Por último el plato principal era carne rebozada cuyo origen es difícil de saber...
Como no nos entraba del todo estos platos pedimos más tranquilos un plato de carne con verduras, champiñones y cacahuetes que nos decían que eran NO SPICY (no picante). Pues menos mal que no picaba, porque nos hemos hincado 3 botellas de TSINTAO (cerveza) de 600 ml cada una y la boca se nos quedó anestesiada.
En las otras mesas hemos visto comer con un tetrabrick de leche y una mujer que se guardaba la comida en un tupper tal y como la servían las camareras.
Por último una anécdota que nos ha dejado extrañados: le dimos una propina a la camarera y se negó en redondo y nerviosa casi suplicaba que no le diéramos nada y, en cambio, en otro día en Pekín, una camarera se volvió loca cuando le dimos 10 yuanes (más o menos 1€) de propina. En conclusión, como no sabemos que reacción van a tener estos chinos, se acabaron las propinas.
sábado, 6 de marzo de 2010
Xi'an & Terracota Warriors
Los dos últimos dias hemos estado en Xi'an, la antigua capital de China. Llegamos el viernes por la mañana y no hubo tanto follón para llegar hasta el hotel, autobús al centro y andar 10 minutos.
Xi'an es la ciudad que más gratamente nos ha sorprendido, quizás por el desconocimiento que teníamos de ella. Es una ciudad en pleno crecimiento con obras de edificios nuevos por todas partes pero dentro de la muralla, es una ciudad moderna y limpia mezclada con barrios clásicos como el musulmán, que está lleno de puestecillos de comida y baratijas. Muy recomendable darse una vuelta y probar algún pincho, torta rellena o dulce. Nosotros disfrutamos un rato de él después de la correspondiente visita a las torres de la Campana y el Tambor (que tiene un chorro de tambores), desde la primera puedes ver las arterias principales de la ciudad de norte a sur y de este a oeste, cada una con su puerta de entrada. Las avenidas están abarrotadas de coches todo el día, y también aquí escasea la educación vial. Definitivamente los chinos no destacan en la conducción (al menos en la no temeraria).
Por cierto, en el McDonals venden una especie de pastel de manzana relleno de algo azul y otro de una clase de legumbre con chocolate. Hemos visto gente desayunando a las 9:00 un wok de fideos con sopa en el KFC. La comida es especial aqui...
Hoy hemos superado otro reto en China: llegar a los Guerreros de terracota sin tour guiado (que nos ofrecieron ayer insistentemente en el hotel), es decir, al estilo chino. Pillamos un bus interior en la ciudad que nos llevó a la estación de trenes, que estaba, para variar, petaísima de chinos, pero que no os podéis hacer una idea. El autobus que va a los guerreros es el 306, estuvimos dando vueltas por los alrededores un rato esquivando chinos cargados de sacos y/o cajas de cartón (¿que coño llevarán dentro?) que salían o entraban en la estación hasta que dimos con él. Estaba pasando la estación en una explanada donde paran los autobuses. Lo cómodo hubiera sido ir con el guía del hotel en una furgoneta como hicimos para visitar la muralla, pero como nosotros somos más guays, y estamos en plan rata del todo, en vez de pagar 320 yuanes por ir en el tour, fuimos, vinimos, entramos en los guerreros y almorzamos allí por 165... los dos. Y es que la yinkana es la yinkana.
A la vuelta vimos un atascazo en sentido contrario por culpa de un trailer que se había cruzado en la calzada tras pegarse una leche tremenda con un minibus. El follón no os lo podeis imaginar porque aquí no se estilan los guardias de tráfico, cada uno hace lo que le sale, y los coches se empezaron a meter por la calzada contraria hartos de esperar. Algunos se saltaban la mediana que tenía un bordillo el doble de lo normal. ¡¡ Están como putas cabras!! Que locura de verdad. He llegado a pesar que no debe existir el permiso de conducción, las multas de tráfico ni nada de lo que estemos acostumbrado.
Por último hemos dado una vuelta por la calle Shuyuan, llena de puestos y tiendas de antigüedades, láminas chinas, caligrafía y bisutería. Han caído también unos dulcecitos.
Mañana volamos a Shanghai...
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Xi'an es la ciudad que más gratamente nos ha sorprendido, quizás por el desconocimiento que teníamos de ella. Es una ciudad en pleno crecimiento con obras de edificios nuevos por todas partes pero dentro de la muralla, es una ciudad moderna y limpia mezclada con barrios clásicos como el musulmán, que está lleno de puestecillos de comida y baratijas. Muy recomendable darse una vuelta y probar algún pincho, torta rellena o dulce. Nosotros disfrutamos un rato de él después de la correspondiente visita a las torres de la Campana y el Tambor (que tiene un chorro de tambores), desde la primera puedes ver las arterias principales de la ciudad de norte a sur y de este a oeste, cada una con su puerta de entrada. Las avenidas están abarrotadas de coches todo el día, y también aquí escasea la educación vial. Definitivamente los chinos no destacan en la conducción (al menos en la no temeraria).
Por cierto, en el McDonals venden una especie de pastel de manzana relleno de algo azul y otro de una clase de legumbre con chocolate. Hemos visto gente desayunando a las 9:00 un wok de fideos con sopa en el KFC. La comida es especial aqui...
Hoy hemos superado otro reto en China: llegar a los Guerreros de terracota sin tour guiado (que nos ofrecieron ayer insistentemente en el hotel), es decir, al estilo chino. Pillamos un bus interior en la ciudad que nos llevó a la estación de trenes, que estaba, para variar, petaísima de chinos, pero que no os podéis hacer una idea. El autobus que va a los guerreros es el 306, estuvimos dando vueltas por los alrededores un rato esquivando chinos cargados de sacos y/o cajas de cartón (¿que coño llevarán dentro?) que salían o entraban en la estación hasta que dimos con él. Estaba pasando la estación en una explanada donde paran los autobuses. Lo cómodo hubiera sido ir con el guía del hotel en una furgoneta como hicimos para visitar la muralla, pero como nosotros somos más guays, y estamos en plan rata del todo, en vez de pagar 320 yuanes por ir en el tour, fuimos, vinimos, entramos en los guerreros y almorzamos allí por 165... los dos. Y es que la yinkana es la yinkana.
A la vuelta vimos un atascazo en sentido contrario por culpa de un trailer que se había cruzado en la calzada tras pegarse una leche tremenda con un minibus. El follón no os lo podeis imaginar porque aquí no se estilan los guardias de tráfico, cada uno hace lo que le sale, y los coches se empezaron a meter por la calzada contraria hartos de esperar. Algunos se saltaban la mediana que tenía un bordillo el doble de lo normal. ¡¡ Están como putas cabras!! Que locura de verdad. He llegado a pesar que no debe existir el permiso de conducción, las multas de tráfico ni nada de lo que estemos acostumbrado.
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viernes, 5 de marzo de 2010
La yinkana hasta Pingyao.
A ver como empiezo. Nos hemos levantado a las 5:00 para pillar un taxi hasta el aeropuerto de Pekín. Íbamos temprano por precaución porque no hemos volado dentro de China nunca y quien sabe, aunque llevamos muy buenas referencias en cuanto a rapidez en la facturación y embarque. Y no han decepcionado, hemos facturado rapidamente y el vuelo ha salido puntual (al minuto) después de entrar todos los pasajeros en menos de 5 minutos al avión y sin pegas ninguna. A ver cuando vemos eso en España. Salimos a las 8:10 hacia Taiyuan, el vuelo con duración prevista de una hora aterrizó exactamente a las 9:10, impresionante. Recogimos la maleta y aquí empieza otra China bien distinta...
Salimos del aeropuerto y como el autobus no salia hasta las 10:30 fuimos a los taxis, el taxista ni papa de inglés (como el resto de chinos a partir de ahora) nos quiere cobrar 90 yuanes, un señor que pasa y nos ve nos dice que debe costar 50, el taxista se cabrea y empieza a recriminarle en chino que "pa que coño se mete él". Nosotros nos aferramos a la buena fé del señor enchaquetado y el taxista se niega. Al final, ni pa tí ni pa mí, 70 yuanes.
Empieza el espectáculo!! Una jornada de tráfico caótico en la que debe ser la zona con más mierda de China. El asfalto está hecho polvo y las bicis, carros, motos y otros vehículos se cruzan sin orden ni preferencias e ignorando cualquier norma de circulación. Lo mismo se tira a la calle una mujer, que se cruza un carro o vienen 2 motos contramano. A los 20 minutos llegamos a la estación de trenes de Taiyuan, en similar estado de limpieza. Miles de chinos se agolpan en la puerta y dentro de la estación, somos la atracción del lugar ya que todos se nos quedan mirando y preguntan cosas en chino como si les fuéramos a entender. El próximo tren sale a las 12:30 así que decidimos buscar el bus que va a Pingyao. Con el diccionario de mandarín, y la guia de China, preguntamos por él y nos dicen que es el nº 611. Pues nos subimos en un bus de 2 plantas un poco extrañados por la pinta que tenía. A los 10 minutos se para y se bajan todos y nos empiezan a llamar para que nos bajemos también. Solo habíamos recorrido 2 calles, y Pingyao está a 70 km. Resulta que este bus es uno urbano que nos ha dejado en la estación de autobuses de los pueblos. Encontramos la entrada de la estación depués de que nos echaran para atrás en dos puertas y compramos los billetes para Pingyao por fín. El bus estaba mejor que el anterior pero echaba una peste a goma quemá que nos tuvimos que tapar la cara con las bufandas durante las 2 horas de trayecto del mismo estilo que el anterior: esquivando camiones averiados en medio de la carretera, bicis, motos, etc mientras pasábamos por una zona rural muy pobre.
Llegamos a Pingyao por fin 2 horas después, un señor nos enganchó nada más bajar del bus para llevarnos al hotel, lo seguimos hasta su vehículo y ¡tachán, tachán! nos sube a un motocarro o una moto con 2 filas de asientos al aire libre detrás. Vaya forma de acabar el viajecito, una pechá de reir y un frío en la cara y por fín nos deja en el hotel, que se trata de una residencia típica de este pueblo, donde las habitaciones dan a un patio interior con la misma arquitectura de todos los edificios que hay aquí. Hay que decir que éste es el pueblo más antiguo de China y todo está como hace cientos de años.
Comimos unos noodles caseros y arroz en el mismo hotel y alquilamos una bici tandem para pasear por la muralla y el centro. Estuvo chulo pero acabamos quemaíllos después del madrugón y la excursión del día anterior a la muralla. Despúes nos dimos un paseo por el centro para ver algún templo y dentro del Templo de Confucio nos encontramos un grupo de música china ensayando de casualidad. Nos encantó lo que oímos.
Mañana volvemos al aeropuerto para volar a Xian, donde estaremos los próximos 2 días. No vamos a repetir el viajito y nos vamos en taxi del tirón.
Mañana será otro día.
Salimos del aeropuerto y como el autobus no salia hasta las 10:30 fuimos a los taxis, el taxista ni papa de inglés (como el resto de chinos a partir de ahora) nos quiere cobrar 90 yuanes, un señor que pasa y nos ve nos dice que debe costar 50, el taxista se cabrea y empieza a recriminarle en chino que "pa que coño se mete él". Nosotros nos aferramos a la buena fé del señor enchaquetado y el taxista se niega. Al final, ni pa tí ni pa mí, 70 yuanes.
Empieza el espectáculo!! Una jornada de tráfico caótico en la que debe ser la zona con más mierda de China. El asfalto está hecho polvo y las bicis, carros, motos y otros vehículos se cruzan sin orden ni preferencias e ignorando cualquier norma de circulación. Lo mismo se tira a la calle una mujer, que se cruza un carro o vienen 2 motos contramano. A los 20 minutos llegamos a la estación de trenes de Taiyuan, en similar estado de limpieza. Miles de chinos se agolpan en la puerta y dentro de la estación, somos la atracción del lugar ya que todos se nos quedan mirando y preguntan cosas en chino como si les fuéramos a entender. El próximo tren sale a las 12:30 así que decidimos buscar el bus que va a Pingyao. Con el diccionario de mandarín, y la guia de China, preguntamos por él y nos dicen que es el nº 611. Pues nos subimos en un bus de 2 plantas un poco extrañados por la pinta que tenía. A los 10 minutos se para y se bajan todos y nos empiezan a llamar para que nos bajemos también. Solo habíamos recorrido 2 calles, y Pingyao está a 70 km. Resulta que este bus es uno urbano que nos ha dejado en la estación de autobuses de los pueblos. Encontramos la entrada de la estación depués de que nos echaran para atrás en dos puertas y compramos los billetes para Pingyao por fín. El bus estaba mejor que el anterior pero echaba una peste a goma quemá que nos tuvimos que tapar la cara con las bufandas durante las 2 horas de trayecto del mismo estilo que el anterior: esquivando camiones averiados en medio de la carretera, bicis, motos, etc mientras pasábamos por una zona rural muy pobre.
Llegamos a Pingyao por fin 2 horas después, un señor nos enganchó nada más bajar del bus para llevarnos al hotel, lo seguimos hasta su vehículo y ¡tachán, tachán! nos sube a un motocarro o una moto con 2 filas de asientos al aire libre detrás. Vaya forma de acabar el viajecito, una pechá de reir y un frío en la cara y por fín nos deja en el hotel, que se trata de una residencia típica de este pueblo, donde las habitaciones dan a un patio interior con la misma arquitectura de todos los edificios que hay aquí. Hay que decir que éste es el pueblo más antiguo de China y todo está como hace cientos de años.
Comimos unos noodles caseros y arroz en el mismo hotel y alquilamos una bici tandem para pasear por la muralla y el centro. Estuvo chulo pero acabamos quemaíllos después del madrugón y la excursión del día anterior a la muralla. Despúes nos dimos un paseo por el centro para ver algún templo y dentro del Templo de Confucio nos encontramos un grupo de música china ensayando de casualidad. Nos encantó lo que oímos.
Mañana volvemos al aeropuerto para volar a Xian, donde estaremos los próximos 2 días. No vamos a repetir el viajito y nos vamos en taxi del tirón.
Mañana será otro día.
miércoles, 3 de marzo de 2010
La Gran Muralla
Llegó el día de la excursión a la Gran Muralla. Nos han recogido esta mañana en el hotel con una furgoneta y en hora y media, después de salir de Pekín con un tráfico terrible, nos han dejado en el teleférico que te sube a la muralla. La muralla es impresionante y nada de lo que se escriba sirve de mucho si no la ve uno mismo. Es una locura lo que los chinos construyeron encima de las montañas. Hemos llegado temprano por lo que nos hemos dado el paseo casi solos por la enorme muralla y todo estaba en silencio. La única pega es que el día estaba nubladillo, pero es invierno y casi es mejor que esté nublado a que no se pueda andar de tanto turista que hay en verano, por no decir el calor que suele hacer aquí en esa época.
No hay fotos de momento porque las hicimos con la reflex y no me he traido el cable para pasarlas al portátil.
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martes, 2 de marzo de 2010
El día del parque y los apretujaos
Menos mal que el día iba a ser suave. Salimos esta mañana hacia el Palacio de verano y después de recorrer un parque enorme durante un par de horas no damos cuenta, por fin, de que el palacio no está en este parque sino en otro que está cerca y es igual de grande. El almuerzo, al no atendernos en ningun bar del parque por la hora (las 2 de la tarde), consistió en una salchicha y una mazorca pinchados en un palo, un paquete papas al ketchup y anacardos.
Ya los pateos se acumulan y optamos por pasar del palacio de verano y volvernos al centro en busca del mercado de la seda, donde venden las falsificaciones en Pekin, para pillar una maleta extra, por si compramos cosillas.
El mercado es un agobio de sitio con cientos de puestos y más chinos llamándote para que le compres algo, te llaman en todos los idiomas y te piden barbaridades por cualquier porquería. Al final pillamos una maleta grande imitación de Samsonite por 16€, pero llegó lo mejor al salir: el metro en hora punta hasta las trancas, cada vez que se abren las puertas, en un vagón que está a rebosar, sale un chino y entran 4 más empujando "pa dentro" y enlatando al vacío a los compatriotas. Y nosotros encima con un maletón... Tu intentas ser educado y dejar bajar primero y entrar después. ¡ERROR! Se te cuelan los chinos por los lados y te quedas con un careto de gilipollas mirando tu maleta y piensas que es imposible. Después de 5 o 6 trenes hasta arriba le echamos cojones y a apretujar chinos se dijo. Yo me puse la maleta delante y empecé a apretar para dentro hasta que encajé de alguna manera. Elena se montó en el siguiente tren y nos vimos 3 paradas después. ¡Que agobio dios mío! ¡Que tíos más burros!
Con la maleta y todo nos fuimos a la caza del pato laqueado, que más o menos estaba de camino al hotel. Y el día ha acabado mejor de lo que empezó, un pato para los dos fileteado con guarniciones y salsas, un plato de unas empanadillas de espinaca, tortilla y otras cosas, y 2 cervezas de medio litro por 13€.
Hemos llegado al hotel y hemos contratado la excursión a la gran muralla por unos 28€ cada uno incluyendo transporte, entradas y almuerzo. Es curioso, pero si contratas la opción "no shopping" (sólo vas a la muralla y no te llevan a las fábricas y tiendas artesanas) es más caro. Y es que el gobierno por lo visto les obliga a llevarnos a esos sitios (o eso he escuchado) y así te meten las compras en el precio y te evitan la pérdida de tiempo.
Bueno, mañana a las 7:30 nos recogen en la puerta, así que me voy a la cama, que Elena lleva ya un rato durmiendo.
Aqui unas fotillos de hoy, no hay muchas ya que del parque y el mercado no hemos salido. El chino de la habitación de al lado está pegando unos gritos raros...
http://albums.photoonweb.com/xdios/China_2010_2/
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lunes, 1 de marzo de 2010
La Ciudad Prohibida, Templo del Cielo y Templo de los Lama
Segundo día en Pekín. Hoy hemos hecho las 3 visitas del título. A las 8:30 ya estábamos en la puerta de la Ciudad Prohibida para no pillar mucha cola. Aún así nos hemos encontrado mucha gente sobre todo, dada la época en que estamos, grupos de chinos. La Ciudad es enorme y tiene muchísimos palacios dentro con nombres tela de chinos tipo: palacio de la pureza celestial, o de la tranquilidad terrenal,... A andar toca, ya que de una punta a otra subes y bajas escaleras, rampas, pasillos y puertas y se echa un rato curioso. Y encima con todo nevado.
Como ya somos expertos en el metro de Pekín, nos pegamos un pateo hasta la estación más cercana y pusimos rumbo al Templo del Cielo, que está dentro de un parque enorme (270 hectáreas o por ahí) así que el pateo no terminó ni mucho menos. Y de aquí, a papear algo muy "típico" en Pekín: el KFC, que están por todas partes y tiene cojones que la primera vez que coma en uno sea en China. Después de la "experiencia" salimos rápido hacia el Templo Lama porque cerraba pronto y si nos parábamos nos entraba morriña.
De momento, el Templo Lama es lo más recomendable que hemos visto, puedes entrar en cualquier sala (en los palacios de la Ciudad Prohibida no), no está masificado, y su interior en bastante auténtico con sus monjes leyendo y dando vueltas por ahí y la gente poniéndole incienso a los budas.
Vuelta al hotel. Resultado: otro palizón, mañana el día debe ser más tranquilito porque el miércoles toca Gran Muralla y ese día si que promete ser potente.
Álbum con las fotitos de hoy: http://albums.photoonweb.com/xdios/China_2010/
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