Ambientazo en Copenhage.
La primera tarde estuvimos junto al parque donde está la famosa estatua de la sirenita. ¿Está? Pues no. Después de un pateo considerable buscándo la dichosa muñequita resulta que estaba de vacaciones, en la Expo de Shangai, y en su lugar habia una pantalla con la imagen de la estatua via webcam y una réplica del tamaño de un playmóvil. Una gracia.
Al dia siguiente recorrimos todo el centro dando fé de lo turística que es ésta ciudad, pero las calles son anchas y se está a gusto. Es una ciudad clásica en el centro, con sus canales, sus tiendas y restaurantes y a la vez muy moderna en los alrededores de la parte sur, junto a nuevos canales formados por edificios nuevos construidos sobre el agua, formando un paseo marítimo muy agradable. Al menos en verano. Comimos en un medio italiano-mexicano, donde un chaval español que trabajaba allí nos animó a sentarnos enseñándonos la carta. No estuvo mal.
Después de Copenhage, decidimos ir a la isla de Mon, donde están los acantilados más famosos de Dinamarca, de unos 100 metros de altura y lo más curioso, de color blanco. Un par de dias en la isla de Mon nos sirvió para despedir Dinamarca. Hasta otra.
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